Creo que nunca me han gustado las fotos. No tengo un álbum de fotos, las pocas fotos que he hecho o me han hecho en la vida las guardo en el último cajón de la mesilla del escritorio, debajo de varias capas de papeles, en un sobre amarillo. Tal vez mi peculiar, asimétrica (eufemismo muy gracioso para no decir horripilante) fotogenia sea la responsable, no lo niego, pero también la proto-cultura de la fotografia automática (para quien solo hace fotos en momentos especiales) el derroche de la fotografía digital (para quien aprendió con una Reflex) el romanticismo y la suerte o desgracia de haber tenido una madre fotógrafa hayan inclinado la balanza a la apatía.
Con esta foto tengo una relación de amor y odio. Tan bien podría ser la única que salvase como la primera en ser quemada. ¿Cómo puede un niño tener una mirada tan penetrante, tan profunda, tan fría? Algunas personas, más de las que me gustaría, me han confesado que al conocerme se sintieron en primer término juzgadas y rechazadas de forma que solo la mirada de esa foto me permite imaginar. Cómo levanta el labio apenas una micra para convertirlos en ese "morro de erizo arreactivo", ese desdén en la cara ya de tan peque. No se... admiro a mi madre por esta foto, me parece una de esas fotos capaces de desnudar el alma de una persona, y eso siempre es bonito."Toda verdad, incluso la verdad simple, áspera, fea, repugnante, no cristiana, no moral... Pues existen verdades tales"
Pero cuando no se en que momento, me preocupó la memoria, la sintonía vital... me vi empujado por mi mismo y en contra de mi voluntad al mismo tiempo a hacerme un book como las prostitutas, mural que cuelga de la cabecera de mi cama. Y siempre me saltan preguntas cada vez que me quedo mirándolo: Si me siento orgulloso de todo esto, si me siento conforme con lo que he vivido hasta ahora, y salta en mi cerebro una imagen como en estas películas lacónicas en las que una anciana saca de un sobre -también amarillo- la foto en blanco y negro de su viudo mientras la empapa de lágrimas. Y piensas si el alzheimer puede no ser tan horrible después de todo, si solo arrastras fotos caducas de recuerdos podridos. Olvidarlas una a una, pero ahí están las mías, colgadas, aunque no a primera vista.
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