jueves, 3 de abril de 2008

El caballo blanco

“El alma es como un carro de caballos alados y un auriga que forman una unidad. Ahora bien: los caballos y aurigas de las almas de los dioses son todos buenos y de excelente linaje; los de las otras almas, sin embargo, son mezclados. Nuestro auriga gobierna a la pareja que conduce; uno de sus caballos es bello y bueno y de padres semejantes, el otro es lo contrario en ambos aspectos. De ahí que la conducción nos resulte dura y dificultosa”

Platón no pensó que el auriga, sin embargo, no puede darle razones al caballo para cabalgar o trotar. El caballo no entiende sus razones y por eso, la astucia del auriga le hace comprender que debe espolear al caballo e incluso vendarle los ojos para superar un salto. Y en la guerra, aunque el jinete blanda la espada, igual de poderosa es la carga de la bestia.

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