viernes, 25 de abril de 2008

La confianza

Todo nuestro conocimiento es irreal. No hay una verdad o primer principio que sustente el resto. No hay nada de lo que podamos deducir el resto de proposiciones. Desde la revelación divina hasta el cogito cartesiano se han desmoronado todas nuestras esperanzas en el conocimiento seguro. No tenemos nada más que nuestra confianza en la razón, cuando podríamos tan ingenuamente confiar en cualquier otra de nuestras facultades. No hay "meta-razones" para avalar la razón por encima de sus competidoras. No es legítimo utilizar razonamientos para consolidar el sistema del que forman parte del mismo modo que no podemos acudir a la Biblia para argumentar las verdades de Dios. La falacia cartesiana es ineludible.

El famoso cogito parte de la más aparente y directa de las impresiones. para Descartes fue un desafio ponerlo todo en duda, el mundo, su memoria, su sueño, un genio maligno, para darse cuenta que si algo habia ciertoera que dudaba, y que por lo tanto debía existir. Para sus contemporáneos o los racionalistas radicales Descartes debe ser un hombre ante el que agachar la cabeza. "¡No cabe duda!" dirían, pero digo yo ¿Por qué la verdad a toda costa? Yo no encuentro ninguna conexión entre las dos proposiciones de ese famoso aforismo. ¿soy yo quien piensa? ¿Es pensar una actividad cuya causa -o consecuencia- necesaria sea existir? ¿Cómo se que aquello que hago no es sentir o querer?

El bombardeo de preguntas se vuelve cada vez más turbulento cuanto más ahondamos en la cuestión Y es que efectivamente, todos nuestros conocimientos tienen sentido en que cada uno depende de la verdad del anterior, por que el conocimiento no es una propiedad de las cosas, es una construcción del hombre. No hay verdad (en el sentido ontológico de la palabra) pero esto es de nuevo una falacia circular y solo la correspondencia de la razón con el mundo dan cierto sentido a nuestras verdades ingenuas.

En cualquier caso, la capacidad del hombre para conocer es limitada o nula. No hay manera posible de saber si estamos soñando o no, de si estamops en lo cierto o no. No hay forma de probar que no somos cerebros metidos en frascos con formol sometidos a las ordenes de un ordenador. Asi pues, solo la confianza, el supuesto grado más bajo del conocimiento es el que se nos ha otorgado.

Confiamos en que mañana saldrá el Sol. Confiamos en que mañana las leyes del universo sean las mismas que lo rigen hoy. Confiamos en la estructtura del átomo y su incertidúmbre cuántica.
Confiamos en la justicia. Confiamos en la bondad del prójimo. Confiamos en que el malvado recibirá su castigo (en esta vida o en la otra, depende del encuestado)
Confiamos en la lealtad de nuestros amigos, en la paternidad de nuestros padres....

No se si esto es una prueba de pesimismo o un argumento a favor de nuestro infinito libre albedrío. Pienso que en las confianzas ciegas hay algo de genial y algo de estúpido, aunque no se si hay una relación causal entre ellas.

La verdad es que no podemos dejar de confiar ingenuamente.

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