viernes, 28 de marzo de 2008

Mi ética sexual III

Hay tres tipos de relaciones claramente distintas aunque en la práctica, desgraciadamente se dan infinidad de puntos medios entre ellas. Hablo de las relaciones de pareja, afectivo-sexuales, y la amistad.

Las relaciones de pareja son las que intentan conciliar las necesidades sexuales y afectivas.
Son en principio, el tipo ideal de relación. Desgraciadamente, en la práctica, ocurre todo lo contrario. Hay una oscura correlación íntimamente ligada al sexo que enturbia el componente sentimental de las relaciones (los “sentimientos mezquinos”). Combinando esto con la más que frecuente deslealtad e hipocresía natural de nuestra especie y dado que las relaciones de pareja se dan ambos sentimientos, deseo (la causa de esos sentimientos mezquinos) y fraternidad (la que se ve afectada por ellos), el desenlace es fácilmente predecible.

Hablemos de los sentimientos mezquinos. Resultan de la corrupción del verdadero sentimiento de amor (el de la amistad) y se presentan en mentiras, desconfianza… ¿Qué premisa media me permite enlazar el sexo a estos sentimientos? Gracias a Hume y a la observación de los tres únicos posibles casos, puedo afirmarlo con cierto grado de confianza. No conozco la conexión necesaria, lo cierto es que los sentimientos mezquinos parecen estar en conjunción constante con el sexo.

Las relaciones amistosas y las afectivo-sexuales son radicales, cada una en uno de los componentes que definen una relación descartando en lo posible el otro en virtud del conveniente.

Las relaciones afectivo-sexuales son en realidad un eufemismo. El componente sexual es el denominador de la relación, y la afectividad es realmente indiferencia en el peor de los casos y cordialidad en el mejor de todos.
La radicalidad, en este caso (debida a esa oscura correlación de la que hablaba) da lugar a grandes ventajas e inconvenientes.
Por un lado, el carácter mediocre y miserable de la relación por falta de afectividad, lo que convierte en muchos casos a la otra parte en un mero consolador antromórfico.
Sin embargo, la falta de afecto no conduce a los sentimientos mezquinos, y la pérdida de estas relaciones o su degradación (si es que existe) no supone un inconveniente ya que son y deberían ser (para evitar la emotividad y el catastrófico final que supondría) provisionales, fugaces y funcionales.

La amistad es, sin duda, la mejor de todas las posibles relaciones, en la que el sexo no tiene cabida. Es tal vez por eso, por lo que no se dan sentimientos mezquinos y se ve con claridad el carácter trascendente de las emociones que se profesan. Sin entrar en el debate de si el altruismo existe realmente o no, de existir, sin duda la amistad sería su mejor indicio. Un amigo es aquella persona con la que te sientes completo y libre.

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