De forma personal, y debido a mi carácter enteramente afectivo (y probablemente y por la misma razón casi totalmente asexual) concluyo que:
Censuro las relaciones de pareja por ser una realidad manifiesta contra los sentimientos, ya que tarde o temprano, los sentimientos mezquinos aflorarán minando la relación. De cualquier otro modo, la tendencia a la poligamia acabará con la lealtad y en todos los casos habrá un final definitivo, siempre doloroso.
Quedaría como última esperanza, no exenta de paradoja, que una pareja de personas lo suficientemente nobles de corazón no experimentasen tales sentimientos mezquinos. Sin embargo, tengo razones para pensar que igualmente tales personas, dotadas de razón y prudencia, acabarían manteniendo una perfecta relación amistosa.
Nada hay que decir a favor de la amistad que, quienes tenemos la suerte de sentirla, no sepamos ya de su pureza.
La última disyuntiva esta vinculada a las relaciones afectivo-sexuales. Por un lado las necesidades sexuales y la imposibilidad de saciarlas mediante una relación de pareja evitando el terrible dolor de la pérdida. Por otro, el carácter ruin que entrañan.
Guiándome por el sistema utilitarista y dejando a un lado el ascetismo sexual y los argumentos morales que tanto daño han hecho, daremos la razón a la evidencia, la necesidad y al placer.
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