lunes, 15 de diciembre de 2008

Perspectivismo memorístico

El problema de la identidad, ya lo dijo Borges, está en la memoria. La memoria es falible, nos engaña, no corresponde con la realidad. Una pelea, un accidente, una experiencia traumática colapsan nuestras neuronas, la sinapsis no se produce de manera habitual, las conexiones necesarias para procesar la nueva información tan poco predecible provocan una reestructuración del cerebro que nos hace pensar que el tiempo vivido fue más largo, que aquello que sucedió duró horas en lugar de segundos, o años en lugar de minutos.

Si todas nuestras ideas son una composición de ideas más simples, como dice Hume, que la experiencia y, en este caso la memoria, son las responsables del contenido de nuestra cabeza, de nuestras más profundas ideas, de nuestras nociones del mundo o de nosotros mismos ¿Qué ocurre si borramos el pasado? Parece que la neurociencia afirma -dándole la razón al empirista escocés- que el futuro es construido a partir de experiencias pasadas. Sin el pasado, no solo no hay presente, tampoco hay futuro.

Pero ¿Qué ocurre entonces con nuestra identidad? Si la memoria es selectiva, si recoge con más intensidad las experiencias traumáticas que las cotidianas ¿Cuál es nuestro futuro? ¿Quiénes somos? ¿Qué podemos hacer?

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