jueves, 17 de julio de 2008

El final de una etapa

No ha sido una crisis de valores, no al menos el rasgo más importante de este periodo que se cuando empezó, pero del que no se cuando me sobrepuse. Es el miedo a cambiar radicalmente, a instalarse definitivamente en el pesimismo. Miedo a saberse separado por un cisma profundo. Miedo a no poder reconciliar mi yo actual y mi yo pasado. Miedo a no reconocerse, a no reencontrarse, a no recuperarse del todo.

Hace varios meses veía caer sobre mi, al levantarme, un pesado sello de caucho que me gravaba en la frente “INSANE”. Creo que ya lo he superado. Y hace poco escuche por fin la frase que me libera de esa carga: “Ya estas bien” de mano de un profesional cuya autoridad sea difícil poner en duda. Aún así, reconoció mi pesimismo, demasiado negro para mi edad creí entenderle.

¿Y ahora? Ahora río, duermo tal mal como siempre, pero descanso, ya no paseo ojeras, ralladas mentales o una insoportable mala ostia. Pero es verdad que tal vez vea el mundo muy negro, pero ¿No se supone que el mundo esta “ahí fuera”, que es independiente de mis pensamientos o deseos, que estos no le van a transformar en absoluto? Al no haber cometido falacias en el desarrollo de las conclusiones, decir que mis sentidos me engañan, que lo que veo no es verdad, que yo introduzco nuevos datos, estáis dando más que suficiente –diría incluso la única información- para atrincherarme en el escepticismo más contumaz.

He aprendido que ahí fuera no hay mas que tinieblas, que no poder estar seguros de nada es un estadio mucho más trágico de lo que pueda parecer a priori. Que no hay en una vida finita algo infinito, que todo se acaba, todo. Que la felicidad es el único objetivo deseable, y que es posible que sea una lucha absurda. Tantas cosas... He aprendido que no hay seguridad.

Aun así reconozco aquí dentro sentimientos nuevos: un sentimiento tan especial, tan complejo, tan capaz de hacerte sonreír o sollozar... que ha desplazado al resto de virtudes. Ya no es principal la inteligencia, el ingenio... lo verdaderamente interesante y bello es aquello que nos llena de ternura.

Conciliar la desesperanza existencial con el éxtasis emocional es todo un reto. Esta inestabilidad sentimental se me antoja como un verdadero problema.

No hay comentarios: