El olfato es tal vez el más sensacional de los sentidos. También lo creía Nietzsche, o al menos yo noto con especial veracidad que huele la esencia de las personas (cosa que a mí también me pasa) que en los libros que lee la mayoría se pega su olor de plebe y podredumbre; que su genio esta, de echo, en su nariz.
Los olores no son más que sustancias químicas volátiles que recoge la pituitaria amarilla y descargan su poder en sistemas que no controlamos, el límbico y el cerebro más primitivo. (¿Depende entonces la felicidad de un estado consciente? ¿Hay causa racional de la felicidad?) Los olores, todos, tal vez bien podrían llamarse drogas.
El olfato y el tacto son dos sentidos (sensaciones es tal vez una palabra más gráfica) muy poco valoradas pero creo que guardan significados especiales. El olor de nuestro plato favorito, el calor de un abrazo, esa sensación entre ambas, esa ternura bisoña que ahora siento de vez en cuando, el ronroneo tan precioso de los gatos...
Jean-Baptiste Grenouille, un tierno psicótapa. Le entiendo. Y entiendo esa sensación de querer hacer perdurar algo bello. Creo cada día un poco más que el fin si justifica los medios. Que la felicidad que provoca ese perfume –esa droga- bien merece la muerte de una docena de personas. Ahora escandalizados pensaréis que merezco la cárcel y el infierno y además ahora eso de los psicópatas hasta tiene denominación de origen, aunque los españoles no tengamos comparación con los austriacos, o eso creo.
Mucha gente se escandaliza de la experimentación médica con animales, de la crueldad o incluso la muerte de seres sensibles para un fin supuestamente superior (ya que nosotros somos superiores ¿no?) Y yo digo ¿Quién critica a Pasteur la experimentación con perros para lograr la vacuna de la rabia? ¿Cuántas personas y animales viven ahora más sanas y felices gracias a él y a sus maquiavélicos e inhumanos experimentos? No quiero ser excesivamente cínico, pero el utilitarismo a esta escala da un poco de miedo. No se muy bien que pensar.
Jean-Baptiste sintetizó la formula del amor, la formula de la felicidad. Una vez más la química es la solución a nuestros problemas. No se si se ha pasado por alto, pero he identificado amor y felicidad. Baptiste se deja descuartizar por no ser capaz de amar, puede tener a la humanidad a sus pies, todo el poder, toda la fama, y decide dejarse descuartizar... Tal vez no tenga sentido vivir sin amar. Tal vez amar sea el sentido. Amar plenamente, amar como en las películas de disney, amar apasionadamente, un amor de ensueño, un amor de pura psicodélia.
Tal vez el problema de la química no es que sea peligrosa. Tal vez sea que es demasiado buena como para dejarla una vez que las has probado. Y sino miradme, hace algo más de un año era un orgulloso abstemio y ahora acompaño mis disertaciones con una copa de Ballantines.
1 comentario:
Que ganas tengo de verte...
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