miércoles, 26 de septiembre de 2007

"Idea feliz"

Hoy he vuelto a sentirme solo. Es duro darse cuenta en un momento de que las horas, los días, las semanas y los meses han pasado dejando tras de sí una estela nada deseable de recuerdos tristes. Y también de que tu vida (salvo en contadas ocasiones) ha transcurrido como un reflejo esquivo de una vida social y emocionalmente plena. Darse cuenta jugando a las cartas con tus compañeros de toda la vida que te sientes de nuevo esencial y físicamente solo.

Es un sentimiento que me abordaba de vez en cuando antes, pero que desde entonces me recorre la cabeza como un fantasma al que asusto intentando querer lo más intensamente que mis propias fuerzas me permiten. Sin embargo ahora, como tantas veces, tengo una imagen de que mi vida ha sido un intento frustrado de encontrar (y conservar) alguien a quien amar de forma plena y trascendente.

Solo de pensarlo se me saltan las lágrimas. Soy un romántico que aunque le cueste reconocerlo prefiere la pluma al teclado, los abrazos al sexo desenfrenado, alguien que aún confía ciegamente en el poder de la amistad, del verdadero amor o simplemente un idiota que no ha encontrado su sitio.

Aún no entiendo por qué no he sido capaz de adaptarme a los roles habituales que circunscriben el cortejo. Por qué no he sido capaz de tener una relación normal con una mujer. Por qué los desengaños me golpean tan duramente. Por qué he rechazado una tras otra las costumbres de mi grupo de colegas. ¿De donde viene mi conducta antisocial? ¿Por qué me resiente mi decisión de apartarme de las frivolidades?

Hace más de dos años que no tengo una relación más o menos formal con una mujer. Hace dos años que no pruebo los labios de una chica y me duele. Siento por una parte envidia de las parejas felices (quizá precisamente por eso) y por otro lástima por rebajar con tanta frecuencia mis conceptos de confianza, de lealtad, de cariño…

Es por eso que decides volcarte allá donde las mezquindades no tengan cabida, donde la amistad entre hombres juegue el papel dominante de una vida lejos de traiciones, de juegos de máscaras, de pompa e intrigas sociales. Sin embargo, no todo el monte podía ser orégano, y de nuevo por las mujeres. Allá donde hay una mujer en juego, puedo aunque me duela, jurar que no conozco persona que no dudara en vender a su amigo por una de ellas.

Sin embargo y a pesar de todo, es en esas contadas ocasiones que decía, cuando he sentido algo, ni siquiera eso. He percibido casi inconscientemente que la persona que se abría ante mis ojos era alguien especial, que se merecía un trato especial. Una persona “que emite luz”. Alguien en quien confiar de verdad. Y no me he equivocado.

Son esas personas, que ahora si, merecen, como excepciones, un trato excepcional y de las que recuerdo instantes de verdadera ternura, de gran belleza. Recuerdos que levantan en mí emociones realmente potentes, capaces de levantarme el ánimo, de hacerme sonreír en los peores momentos, de recapacitar una decisión precipitada…

David, Ana, María y Juan. Sois la razón de mi vida. Siempre os he querido, desde el primer momento en que os vi. No puedo decir esto sin emocionarme y sin recordaros, como haré y espero haber hecho siempre, que de corazón os adoro. Contad conmigo siempre, sea mañana o madrugada, verano o invierno, estéis aquí o allí. Os quiero.